Cómo prepararse para los empleos del futuro

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Inteligencia artificial: la próxima revolución

Recuerdo que a principios de los 90 las revistas de negocios como Bussiness Week o The Economist llenaban sus páginas con predicciones sobre el impacto que tendría internet en nuestras vidas.

Me viene a la memoria una ocasión en que terminé de leer un artículo y luego miré el modem de mi oficina. Me pregunté cómo se podría conseguir esa revolución con algo tan ruidoso y con tan poca velocidad de transferencia de datos. Sabía que internet iba a cambiar mi vida, pero me sentía incapaz de situarme en esa realidad futura.

Veinte años después ya era difícil concebir nuestras vidas sin internet. Pienso en algo tan cotidiano como las interacciones con mi banco. Antes perdía una media de dos horas semanales en la oficina bancaria para tener extractos o hacer una transferencia. Ahora hago todas las gestiones desde un móvil desde cualquier lugar y sin perder mi tiempo.

Tengo la misma sensación de cambio ante la Inteligencia Artificial, aunque esta vez soy algo más capaz de imaginar el futuro. Y no siempre es un escenario idílico. Una de mis preocupaciones es saber el lugar puedo ocupar tanto yo como mis hijos en ese mañana que ya casi es hoy.

Los jóvenes de hoy asumen a Internet como algo que siempre ha existido. Se han criado con una tecnología que ha formado parte de sus vidas. Sin embargo, para ellos la Inteligencia Artificial será un cambio abismal. Será la primera revolución a la que asistan. El que lo hagan como espectadores o protagonistas depende de lo que hagamos hoy. Tendrán que aprender mucho más de lo que tuvimos que digerir hace veinte años sus padres con internet para poder integrarnos en nuestros trabajos.

Si la próxima generación quiere utilizar la Inteligencia Artificial para encontrar un empleo, tendrá que empezar a formarse desde ahora. El nivel de conocimientos que exige esta nueva vuelta de tuerca tecnológica es demasiado elevado para confiarlo al auto aprendizaje. Lo cual nos lleva a que debemos incluir en el modelo educativo una asignatura que los capacite. Llámese programación, ciencias de la computación o robótica. Si nuestros hijos desconocen sus fundamentos, serán tan incapaces de encontrar un trabajo mañana como hoy lo es alguien que no sepa navegar en internet.

No solo está en juego el destino profesional de los escolares. Nuestro éxito como nación desarrollada va a depender en gran medida de la cantidad de personas que sean capaces de desarrollar y utilizar la inteligencia artificial en sus trabajos. Esta inquietud ya está presente en los ministerios de educación de algunos países desarrollados. Pero si hay un modelo, lo debemos buscar en un país pequeño.

Israel es conocido (aparte del conflicto palestino) por ser un país con una tecnología puntera en muchos campos que van desde sistemas informatizados de riego hasta drones militares. El país es consciente de que si quiere seguir en la cresta de la ola tecnológica tiene que abrazar la inteligencia artificial desde los colegios. Y llevan años preparándose.

En Israel tienen una academia para la formación del profesorado en ciencias de computación, la Machshava ( Israel National Center for Computer Science Teachers). Fundada en el año 2000, la Machshava es considerada como la academia donde se forman los profesores de ciencias de computación de la nación. Como afirma la educadora israelí Judith Gal-Ezer,

“Apoyamos al profesor desde el principio. Para eso tenemos Machshava, con la cual pretendemos fomentar el liderazgo de profesores de computación para que estos sirvan como modelo para inspirar a sus colegas”
Las actividades del centro están organizadas alrededor de 5 objetivos, los cuales giran en torno a la idea de prestigiar la figura del profesor de computación y promover la enseñanza de las ciencias de computación.

Para poder enseñar programación, primero tendremos que formar a unos profesores que, en los mejores casos, se criaron en la revolución de internet. Para ellos la Inteligencia Artificial representará un desafío de aprendizaje. Difícilmente alguien puede enseñar algo que primero no ha aprendido.

No se trata de enseñar a programar a los niños de parvulario. Pero debemos ser conscientes de que el mundo ya es digital y que para poder encontrar un trabajo en cualquier actividad, desde una oficina hasta una finca agrícola, tendremos que saber algo de programación.

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